|
|
|
|
|
|
|
|
![]() |
![]() |
PREFACIOCuando terminé de escribir “La Obra”, un libro que no he tenido intención de editar aún, sucedió que me quedó como un espacio incompleto en alguna parte de mi ser, por alguna razón. Y fue así que de pronto me di cuenta que había estado incursionando por “las periferias del meollo” de la verdadera “cuestión” que me tuviera preocupada por casi veinte años. Me encontré entonces, ante la alternativa de tomar una importante decisión: escribir el presente libro, o correr el riesgo de; postergándolo; no volver a encontrarme, nunca más, en el momento intelectual preciso para escribirlo. Fue muy difícil para mí comenzar, ya que otras áreas artísticas, habían sido hasta aquí, mis opciones comunes de actividad. Con “La Obra” ya me había atrevido bastante, aún cuando significó, jugar a hacer un puzzle con diversos contenidos que tenía sueltos y desordenados. Pero “La Clave Rosa” significa mucho más. Significa desnudarlo todo, justificar una razón para mi existencia intelectual, encontrarle sentido a todo ese espacio enorme de mi vida terrena, darle forma, al fin, a todo lo precedente, que siempre me dejó el sabor de lo inconcluso. Al principio no supe que hacer. Tenía la motivación, el tema, las vivencias, los motivos, la causa, y junto con la causa, también había encontrado el valor para enfrentar los efectos, solo me faltaba la forma. Creo que inconscientemente, me fui preparando poco a poco para encontrar el orden que me permitiera, finalmente, como si fuera una herramienta, desarrollar la idea. “La Clave Rosa”, está escrita como novela, fue la forma certera que encontré para hilvanar lo que había que hilvanar. No puedo decir que es “un hecho real”, tampoco puedo decir que nació enteramente de mi fértil imaginación; creo que es una historia que, al igual que un mutante, tiene un poco de lo que “fue”, un poco “de lo que se necesitaría ser”, un mucho de “hasta lo que se podría llegar a ser”, y podría aventurar que: “está postulando lo que será”. Es una historia que muestra la preocupación global de los seres humanos de este principio de milenio. Una historia que cuestiona al “homo” ante la alternativa de ser ellos mismos, una propuesta de mutación consciente y necesaria, ante la desesperante inmutabilidad de los “conceptos patrones” que forman los cimientos mismos de la civilización, pero que a la vez, debemos poner en tela de juicio, ante la evidente certidumbre de que: “en algo nos hemos equivocado”. Una de las cosas que más me ha costado, es esquivar esa irrefrenable tendencia de impulso ortodoxo que poseemos, y después, naturalmente, desvestirme de toda conceptualidad recibida por heredad. Es decir; de todo aquello que no siendo parte de mis vivencias, debería aceptar como “real y verdadero”. No fue ni por asomo, cosa fácil; siglos que se van convirtiendo en milenios tiran de nuestra manga llamándonos al orden establecido. Orden que por otra parte; ya caduco; nada tiene de efectivo ni cierto, pero que sigue reclamando respeto y reverencia. Es por esto que creo que debemos preguntarnos, aun cuando mas no sea una vez, ante quien verdaderamente, inclinamos la cansada y caótica cabeza; ante quien deponemos los derechos concedidos por la naturaleza e impugnados por la seudo razón humana. Ante que factores el hombre se detuvo, que ya no le permitieron avanzar. No por el gusto de conocer la piedra, sino para quitarla del camino. Supongo que no debemos tenerle miedo a la verdad, pero en lo recóndito de mi alma, creo que es lo que nos sucede. Este libro significó para mí, de cualquier forma que sea, una kinesis para rehabilitar mi musculatura mental de la parálisis histórica de los miedos. Quiera Dios; sea lo que sea, que signifique “Dios” para cada uno; que reciban este libro en sus mentes y corazones, sin indulgencias, pero con la misma voluntad que yo hube de tener para escribirlo sin estar académicamente preparada para hacerlo. La Tierra, al fin y al cabo, pertenece a los hombres de buena voluntad. El día que ellos recuperen la voz, quizá el resto, puedan recuperar la memoria.
R. Valdor |
|
PRÓLOGO
El "sonoro" silencio de los santuarios no debe ser alterado. Es más, uno debe conformarse con "ver" desde lejos la intuida "luz inspiradora" que cual faro señala a la musa el destino que el "Supremo Hacedor" le ha asignado, simbolizada en un seductor fuego que alberga un insinuante hogar y que a su vez, una cómplice e indiscreta ventana de recuerdos deja entrever. La privilegiada y sapiente naturaleza circundante, original intérprete, se suma en reverencial expectativa. Ros Valdor, en medio, trata de controlar sus pinceles, que con la inconsciente ayuda de su rebelada mano se blanden transgresoramente. El humo de cigarrillo, la mayoría de las veces oportuno traductor espontáneo de inspiraciones, se confunde con el amenazante fuego del consabido "focolar" y el premonitorio silencio del externo. Así nace "La Clave Rosa". Así la sentí al leerla: íntima, legítima y hermética. Como el "sí" dado en su momento al aceptar un privilegiado "sacerdocio" -avalado por el bautismo- y que como "co-creadora" la lleva a una obligada superación en bien de ser coherente con lo que ella vive como una realidad impostergable de responsabilidad intransferible. Su mente, en un calidoscopio de ideas, hace que su inconsciente demande manifestarse. ¡Pasado y presente son uno en el tema que aborda! Pero no transcurre mucho tiempo sin que concientice que debe darle lugar al "verbo"; porque el lector debe saber que también las "Letras", en sus distintas manifestaciones, la tienen como eximia creadora. En el cumplimiento de este asumido "ministerio", Ros Valdor busca ayudar a perpetuar el mensaje de "Aquél" que en su niñez la eligió y sedujo. Su pasión por la "VERDAD" la llevó a entrar en sintonía con "Él" recorriendo de algún modo su "Camino"; reflejado en su arte y ahora, aquí en: "La Clave Rosa". Verbigracia la particular invitación que oportunamente le formularan con la finalidad de ser la artífice "sacra" de la única "Cripta" destinada al culto en toda la historia de la República Oriental del Uruguay, amén de las innumerables obras de su ingenio creador plasmadas en América y Europa. Y reconocida también como una estudiosa fiel del pincel del "da Vinci", el cincel del "Buonarroti" y la traviesa orfebrería del "Cellini" (por nombrar algunos) que la convierten en una experta del tema del Arte Sacro medieval y renacentista. Ros Valdor es entonces; en "La Clave Rosa"; aquella mujer que se atrevió a cuestionar el Sacerdocio Sacramental a más de un prelado, asegurándoles que antes del Siglo V los "Padres de la Iglesia" no concebían el sacerdocio tal como hoy en día se lo conoce; demostrándoles al mismo tiempo que ninguno de los cargos u "oficios" eclesiásticos se remontan a Jesús, ni siquiera el de Obispo y menos todavía el de Sacerdote; y recordándoles que la celebración de la Eucaristía, dependiendo de la época y lugar, estuvo a cargo de padres de familia, amas de casa, maestros, etc. Aquella que tomó conciencia, por sus propias vivencias protagónicas, que se está postergando un tiempo (como nos deja constancia en el "Prefacio" de la presente obra) en desmedro del crecimiento y del compromiso existencial en su momento asumido. ¿La clave? Una "cepa", sí, una simple cepa trasladada desde la "Isla" fue la génesis de aquellas vivencias. La tierra adherida a la misma, testigo de nobles hazañas, donde el "HONOR" y el sentimiento de "LIBERTAD" ["Morte Ai Francesi ..."] supieron enriquecerla, se vio frustrada y contaminada en su misión de ilustre y fecunda embajadora, por primitivas y estériles vivencias de seres que no estaban preparados para vivenciarla; por lo que su protector "HONOR" se vio sustituido por una celadora "TRAICIÓN" y su vivificante "LIBERTAD" en esclavizantes sentimientos; las intrigas, la desvalorizante ambición y el pensamiento mágico, amén de otros degradantes sentimientos, serían su futuro alimento; el suficiente como para transformarla en desdichada y vigente testigo. Ciertamente Ros Valdor con "La Clave Rosa" no sólo está compartiendo con el agraciado lector parte de su rica historia personal, sino que además las más variadas conductas de la que es capaz de presentar la "condición Humana"; aún con una pátina de religiosidad. La "condenada" parra, con su reminiscente justiciero altruismo alberga aún hoy, con su denodada sombra, la pequeña "puerta" que a pesar de su "esfuerzo" por rescatar y custodiar lo sacro del lugar, no logra cumplir con su función porque la realidad la supera; "transgresores" olores no permiten que el aroma del incienso se imponga. Por ello, si un día te sientes tentado a tomar por la Ruta de "La Clave Rosa" para recorrer a modo de solidario "via crucis" el camino de nuestra autora, un Pueblo de sencillos y laboriosos habitantes te recibirá con particular deferencia. Trata de abrirte camino entre ellos para llegar al "sitio" sin comprometerlos a romper su obligado protector silencio. Debes entender que tú emprenderás retorno, pero ellos deben seguir... "
Prof. Osvaldo Maggiari Psicoterapeuta - Investigador |
|
|
|
|
|
info@rosvaldor.com.ar |